
Economía en clave de reto
Economía mundial: independencia, interdependencia, alterdependencia
Pbro. Erik Sánchez Rodríguez
2/1/2026



LA ECONOMÍA EN CLAVE DE RETO
¿Economía y reto? Como dice una canción: aquí no hay novedad. Para todos es sabido que la economía como reto es la batalla de cada día sin embargo, permítanme abordar el tema desde una perspectiva distinta.
Hubo un filósofo del siglo XIX llamado Fichte, cuya visión de la economía para su tiempo, era algo profética. Este pensador abogaba por un estado que controlara sus fronteras económicas para proteger la industria y agricultura nacionales. Tal vez nos suene a discurso conocido, pero él no buscaba el aislamiento, sino la estabilidad económica de su país, y evitar la dependencia y guerras comerciales.
Han pasado ya muchos años y hay algo muy singular en esa visión. Es obvio que el contexto geopolítico del siglo XIX a este siglo XXI ya ha mutado. Hoy la experiencia global nos muestra que, básicamente solo los gobiernos con tendencia al comunismo le “doran la píldora” a sus pueblos, endulzándoles el oído con promesas de economías llenas de soberanía y autosustentabilidad, que suenan excelentes y crean ínfulas de nacionalismo, como si el orgullo quitara el hambre, pero hacer realidad esta promesa en pleno siglo XXI, donde el mundo entero se ha vuelto cada día más pequeño y ha pasado de la interdependencia de mutuo crecimiento, a la (permítanme llamarle) alterdependencia, donde unos dependen totalmente de otros, es casi imposible.
Una economía nacional de cualquier país que se piense seriamente para crecer, requiere de los demás países. Las economías nacionalistas son hoy por hoy, un sueño que se vuelve pesadilla en una sola noche de mal dormir. Nos hemos vuelto “globalodependientes”, tanto en la economía como en muchos temas más, y dar marcha atrás es ya algo impensable. Y es que, cómo negar los grandes beneficios que nos ha traído esta economía globalizada para los mercados, la libre competencia que nos da como resultado más productos y más baratos porque entre mayor la demanda, mayor la oferta. Tenemos productos que a partir del tratado de libre comercio ya los vemos como ordinarios pero que antes solo podías encontrar en las famosas “fayucas”, y que ahora hay en cada esquina, y un sinfín de etcéteras que no cabrían en estas pocas letras, pero que abarcan absolutamente todos o casi todos los rubros de la vida y, que solo nos hace un muy pequeño recordatorio que volver a la cerrazón económica es echarse la soga al cuello.
Sin embargo, estamos en un punto de la historia donde vemos también el otro lado de la moneda. Desde hace unos pocos años nos dimos cuenta que la crisis económica de unos, se vuelve impacto para muchos, y si el golpe es fuerte, afecta a todos. Las economías nacionales han ido aprendiendo poco a poco a nadar en medio de esas aguas que, en apariencia son tranquilas pero que, en el fondo pueden ser engañosas pues, cuando alguien se empieza a ahogar en su economía y empieza a manotear en sus crisis financieras, hace las aguas turbulentas para todos, y no queda más que hacer fuerza todos y vencer, y sacar a flote la economía de unos y otros, o de otra manera las crisis nos vencerán juntos (tal cual lo dijera estoicamente el Capitán América). O somos héroes juntos o perdemos juntos pero ya no hay a donde hacerse.
Qué razón tenía Fichte al profetizar sobre esta dependencia económica, y aunque como antes mencioné, no es hora ya de regresarnos a economías nacionalistas, sí es momento de replantearnos estas economías que nos hacen dependientes internacionales. A qué punto de interdependencia hemos llegado, que hemos pasado a una alterdependencia.
Ahora la economía se ha vuelto un medio de presión política, para fines que navegan con bandera de nobleza (dudosa a veces). Tal vez dichas presiones ya existían, y como ciudadanos de a pie no nos dábamos cuenta, pero como ahora lo correcto es ser políticamente incorrecto, las amenazas de asfixia económica de las naciones poderosas a las de menor poder económico e interdependientes, o mejor dicho alterdependientes, se han vuelto cínicas y han aumentado si éstas no ceden a sus deseos, y esto es tan visible como tan grotesco. No hago alusión a los fines (aparentes) de tales presiones, que tal vez puedan ponerse en una balanza y sopesarse aparte. Los fines pueden ser o parecer buenos, eso no es el problema, pero hay que recordar que no es un modismo que, el fin no justifica los medios.
Y aunque aquí el punto de quien lleva el lápiz y el papel, es hacer un eco en sus lectores y enfatizar la necesidad de encontrar un justo medio en la economía que, no pierda este carácter internacional y nos someta a vernos el ombligo nacional y limitar las opciones a chicles motita o a chiclets Adams (sí, qué rico sabor, pero qué bueno que ya hay más opciones), bajo el argumento de la soberanía nacional, pero que tampoco nos lleve al otro extremo de tener que rendir pleitesía a “su majestad el rey”, obediencia ciega a sus planes y caprichos, sean buenos o no. Si nuestras posibilidades son vernos el ombligo, o que el vecino nos obligue a verle el ombligo a él, entonces nuestras pobres opciones son la parte más pobre de la economía y por eso vamos como vamos.
Querido lector, seas feligrés católico o de cualquier confesión, eso es lo de menos, los males económicos no distinguen credo, hagamos una reflexión profunda sobre qué podemos y qué debemos hacer, y aunque en nuestras manos no están las grandes decisiones del país, si hay cosas que posiblemente podamos hacer desde nuestros rincones temporales, por ejemplo, apostar por una economía personal responsable y solidaria, que no desemboque en el atractivo rostro del consumismo que, cuando se recrudece se voltea y te escupe en la cara. Que ciertamente puedas disfrutar de las cosas que ofrecen nuestros tiempos, pero sin que por ello empeñes tu vida y dignidad, y luego no sepas qué hacer sumido en la angustia de las deudas y rodeado de cosas que no son del todo tuyas. Una economía responsable pero solidaria, y no basada solo en mis puras necesidades, sino volteando a ver con mirada de caridad al que menos tiene. Y aunque podría enumerar más propuestas a nivel del cuidado de la economía personal, creo que algo que es preocupante y base para la economía personal y familiar, es la economía nacional.
No tenemos las decisiones del país de primera mano, pues les toca a las autoridades en economía y finanzas en turno, pero lo que también podemos hacer es, involucrarnos en los procesos democráticos del país, que son mucho más que las elecciones. Un sistema democrático le da el poder al pueblo en cuestión, poder de poner, de quitar, de corregir, de exigir, de vigilar. Esto implica la conciencia de todo ciudadano, de que su participación en las urnas es sumamente importante, pues es ahí es donde se ve reflejado un derecho a elección, aunque sea éste una mínima parte de su vida, pues obviamente hay más formas de cómo se vea reflejada su vida de democracia.
Como ciudadanos, todos, sin excepción, tenemos que ver que haya mejoras en la economía nacional, y no solo que nos den dinero personal; que haya infraestructura económica para bien de un pueblo, y que estas economías ataquen de verdad las crisis y sus ramificaciones (salud, educación, etc.), ya que estas crisis, parafraseando al Papa Francisco en Laudato Si, no son distintas crisis, sino una misma crisis humana, y por tanto hay que vivir una economía responsable y solidaria, y en relación a nuestro deber con las autoridades en turno, exigir y vigilar que nuestras economías no estén destinadas en el dinero para el dinero mismo, ni para cosas que no dignifiquen, sino para lo que éstas deberían ser, recordando nuevamente al Papa Francisco, economías más humanas, sociales e integrales. La economía del futuro no será la del aislamiento ni la del sometimiento, sino la del equilibrio y la dignidad compartida. Si la filosofía con Fichte y la Teología con el Papa Francisco nos dan claros signos de alerta, cómo no estar atentos, cuando la fe y la razón solo buscan elevarnos a la contemplación de la verdad que se presenta ante nuestros ojos en clave de reto en la economía.
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